Mario Trejo
1. Marcel Duchamp, el —aquí sí permítaseme utilizar ese adjetivo tan franeleado que me da vergüenza caer tan bajo— «genial» (de genio, no de ingenio), el primero en no adherir al cambalache mercantil del cubismo (Picasso) ni del surrealismo (Dalí) dijo de una vez para siempre (creo que en una pensión de Sarmiento al 1500, en el Distrito Federal): «Lugar y fecha de nacimiento son datos que sólo interesan a imbéciles y a profesores de literatura española».
Toda esta obertura para recordar que mañana, 11 de diciembre, Carlos Gardel, Carlitos, el Mudo, cumple 109 años. Duchamp, el otro inmortal, le lleva tres años. Perdón, medio perdón.
2. Terminemos de una vez por todas con la calumnia. Ni lamento do cornudo ni edulcorante de amores contrariados. Ni maniático culto por la mamma o la idische mame (culto bienvenido, si no es llorón). Pertenece a la cultura según Ortega y Gasset «cultura es lo que queda después de que uno ha olvidado todo». Vamos, es lo genuinamente popular. No es meramente Rutebeuf, que ya en el 1200 cantaba sus penurias económicas; ni tampoco François Villon que daba cuenta de sus fechorías dos siglos más tarde. Ni son blues, ni canciones de presidio ni los cinco cantares que forman el cante jondo. No.
3. El tango es la canción que habla y aúlla en voz baja por el paso del tiempo. Alfredo Le Pera susurra «que es un soplo la vida» y que el olvido todo lo destruye. Líneas como éstas es posible leerlas en Marvell, en Shakespeare, en Quevedo, en Góngora.
4. Para acercarnos al problemático y febril: yo arriesgaría que el tango es poesía existencial. No digo «existencialista» porque el gran Jacques Prévert y la Juliette Gréco nunca se pasaron de la raya, fieles al sentido de la medida (le sens de la mesure) que, según la ignorancia popular, caracteriza a los franceses y que, desde Rabelais a Lacan pasando por el uruguayo conde de Lautréamont, es minuciosamente desmentida.
5. Mi querida María Elena Walsh, con quien practicamos un compartir con disentimientos (¡qué plúmbeo compartir sería de otra manera!) tiene razón cuando se queja del tratamiento que da Discépolo a la mujer en Esta noche me emborracho. Y ejecuta una venganza letal: describir a los tangueros en el local central de SADAIC: teñidos, peluquines, pelucas y ainda mais. Pero soslaya estas tres líneas:
«Fiera venganza la del tiempo
que le hace ver deshecho
lo que uno amó…»
6. Una vez, en Boulder, Colorado, el macanudo grupo de poetas coetáneos de Jack Kerouac, que levantó en su memoria el Naropa Institute, me pidió una traducción de Mi noche triste (1917, considerado el primer tango canción). Lo prometido es deuda. Me tiré a la pileta y no me quedó más remedio que traducir «bizcochitos» por cookies y los matecitos acabaron en bourbon o Jack Daniels, ya no me acuerdo. Pero la experiencia de la traducción (que siempre es un intento y que cuando sale bien lo deja a uno más feliz que con uno de cosecha propia, que ya es una traslación de algo que se siente y piensa simultáneamente) me dejó con estos versos que son para la efímera eternidad:
[1] «El espejo está empañado
y parece que ha llorado
por la ausencia de tu amor.»
[2] «De noche, cuando me acuesto,
no puedo cerrar la puerta,
porque dejándola abierta
me hago ilusión que volvés.»
[3] «Y si vieras la catrera
cómo se pone cabrera
cuando no nos ve a los dos.»
[4] «Y la lámpara del cuarto
también tu ausencia ha sentido
porque su luz no ha querido
mi noche triste alumbrar.»
7. Como en toda gran poesía, cada poema, cada línea es su propio comentario. Y si tiene alguna duda donde dice «catrera» léase «tálamo nupcial» y saque «cabrera» y ponga «furioso».
8. Palabras de Caetano Veloso a propósito de Orlando Silva:
«Este gran cantor, el mayor según Joâo Gilberto, nunca llegó a ser un emblema nacional, como Gardel, y el samba, que se había vuelto el ritmo basileiro por excelencia, nunca llegó a monopolizar lo nacional como ocurrió con el tango en la Argentina.»
9. En nuestro país los escritores (oficiales o con deseos) viven el tango de un modo vergonzante, como un careciente que necesita ser comprendido, tolerado. Basta leer al reciente ciudadano italiano (el de la vena fundamentalista) o al simpático J. J. Sebreli. Rosario tiene una soberbia excepción en Hugo Diz, el bardo del Boulevard, que, además, los dice y canta de lujo.
10. Por decisión unánime del Honorable Congreso de la Nación de la República Oriental del Uruguay, desde hace muchos años el Mudo es uruguayo. No olvidemos que el bandoneón nació en Alemania, Le Pera en Brasil y Gardel en Francia. Cosas de la globalización prematura.
11. Y cierro mirando hacia Domingo Federico, cuyos Saludos recibí como un golpe en la cabeza cuando era un pibe con la oreja alerta y Piazzolla todavía le daba al doble AA con Troilo. Y todo bajo el cielo de Cadícamo.
Rosario, 8 de diciembre de 1999.